El amor empieza por uno mismo

corazónUn tema muy recurrente en muchos tratados de autoestima, y en el que están de acuerdo bastantes autores, es que hemos de querernos a nosotros mismos. Una frase muy conocida es: “Si no te quieres a ti mismo, nadie te querrá”. Y es algo muy cierto.

Aquí no hablamos de falsear la realidad, ni de cerrar los ojos a nuestros defectos. Todos sabemos que tendemos a tener una imagen de nosotros mismos mejor de la que es en realidad. Pero, al mismo tiempo, nos juzgamos con dureza. No somos indulgentes con nuestros errores del pasado, ni somos tolerantes con nuestros defectos. Y la autoestima empieza por un sano respeto de nuestro propio Yo.

A partir del momento en que mostremos respeto y amor a nuestra propia persona, veremos el mundo con otros ojos. Nos dulcificaremos. Eso hará que también veamos a los demás de otra manera. Mejorará nuestra actitud, nuestro trato con los demás, y al final recogeremos los beneficios. Si te gusta leer libros de autoestima, de crecimiento personal, verás que esta idea se repite muchas veces. Pero luego no la ponemos en práctica.

Te propongo un juego. Tres pequeños ejercicios, sencillos y muy fáciles de hacer, que te ayudaran a mejorar tu autoestima y la imagen que tienes de ti mismo.

El primero es que busques un momento libre, agarres papel y lápiz, y te pongas a pensar en todas las cosas buenas que tienes. Esfuérzate de verdad. Piensa. Concéntrate. Haz una lista lo más larga posible. ¿Cuáles son mis virtudes? Tal vez te parezca algo raro. ¿Sí? ¿Alguna vez buscaste trabajo? ¿Y no te has encontrado, al hacer una entrevista de empleo, que en un momento dado te han dicho: “¿Cuáles son sus puntos fuertes?” ?

Segundo ejercicio. Ponte ante el espejo. Mírate a ti mismo. Y ahora imagínate que otra persona te está viendo a tí, y se siente atraída. Reflexiona ¿Qué aspectos son los que hacen que le guste? ¿Mis ojos? ¿Mi pelo? Quizás no te guste tu cara, o tu cuerpo, pero si te miras mentalmente con los ojos amistosos de otro, tal vez descubras cosas que no sospechabas.

Y por último: busca el significado de tu nombre de pila. Sí. Piensa que no eres un objeto, ni una cosa, sino un ser humano que fue creado y concebido en un acto de amor. Y tus padres, cuándo te pusieron un nombre, quisieron darte algo que tiene algún significado profundo, aunque lo hicieran inconscientemente. Así que busca el significado de tu nombre. Te aseguro que muchas personas se llevan una muy agradable sorpresa al hacerlo. Y si tus padres viven, pregúntales por qué te llamaron de esa manera. Créeme, es algo que te hará reflexionar seriamente cuándo lo descubras. Y será muy positivo para tu autoestima.

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Descubrir las virtudes

Hace unos días estuve hablando con unos amigos. Nos pasamos la tarde comentando anécdotas de nuestras respectivas vidas, y allá salió todo lo que hicimos en los últimos meses. Y, charlando con ellos, salió a la luz un hecho curioso que quiero comentar aquí.

Uno de mis amigos, el más joven, está a la búsqueda de empleo. Recientemente participó en un proceso de selección de una ETT (Empresa de Trabajo Temporal). Este proceso consiste en una “formación selectiva no remunerada”: es decir, durante unos días se reúne en un aula a varios aspirantes sin empleo que quieren entrar en la empresa. Han de hacer jornada de ocho horas, sin cobrar nada, aprendiendo lo que se supone han de hacer cuando entren en la empresa (en este caso, gestor comercial). Una vez acabada la formación, se les comunica si han sido seleccionados o no.

bosch internacionalMi amigo, que al final no fue elegido, se quejaba, pero no por la eliminación, o por el tiempo perdido, sino por el trato recibido por la empresa. Apareció una formadora que los trataba con bastante brusquedad y malos modos. Cuenta que, cuando estaba a punto de finalizar la jornada, dicha “formadora” la tomaba con uno de los chicos que estaba en la formación. Delante de todos se empeñaba en demostrar que no servía, que tenía muchas cosas que corregir. Lo sometía a un interrogatorio humillante hasta dejarlo en ridículo. Se daba la circunstancia que esa persona, al día siguiente, ya no volvía. “No se atreverá a venir”, comentaba con desdén ella.

Así hasta que, como podéis imaginar, un día le tocó a mi amigo semejante trato. Pero él siempre ha sido un poco respondón. Y se le encaró, sabiendo que sería eliminado, pero intentando mantener alto el orgullo y la autoestima. “Si crees que no valgo para este trabajo, me lo dices. Pero hay maneras y maneras de decirlo. Todos los seres humanos, en cualquier circunstancia, merecen respeto.” A lo que la tipa le contestó: “Yo no estoy aquí para que os divirtáis. Mi objetivo es lograr un equipo de personas que consigan ventas. Lo que importa son los resultados, no tu autoestima. Y yo me limito a decir las verdades: mi deber es sacar los defectos de los demás, y si no te gusta lo que te digo, te j…. Yo soy así y digo las cosas a la cara.”

Como cierre, decir que, cuando volvía a casa por la noche, le llamaron por teléfono diciendo que ya no volviera por allí al día siguiente. “Muy valientes y sinceros, como veis -dijo- , pero no se atreven a decir las cosas a la cara. En vez de decírmelo en persona, me despidieron por teléfono. ¡Qué cobardes! Hasta a los muertos les dan la extremaunción.”

Nosotros nos reímos, e intentamos consolarle, diciendo que no hiciera caso y se olvidara de la formadora infame. Y en esto, otro de mis amigos, que forma parte del departamento de recursos humanos de una gran empresa, nos comentó. “¡Qué gran error! Nosotros, cuando hacemos un proceso de selección, no nos concentramos en descubrir los defectos. La razón es que dichos defectos, en cada persona, son bastante evidentes, y saltan a la vista, en el momento que a un candidato le someten a pruebas, dinámicas de grupo, etc. No. Nuestro objetivo principal es descubrir las virtudes que dicho candidato tiene. Evaluar y ver si dichas cualidades encajan o no con el perfil que buscamos. Lo curioso es que la gente, cuando se siente presionada y atemorizada, saca lo peor de sí, aunque luche por ocultarlo, y esconde lo bueno. Nosotros nos esforzamos por conseguir que la gente saque sus puntos fuertes y los ponga en práctica. ¿Para qué descubrir los defectos de una persona? Son sus puntos fuertes los que nos dirán si vale o no vale para el trabajo.”

Confieso que esta historia me hizo pensar. La verdad es que me cambió el punto de vista que siempre tuve sobre ciertas situaciones. Y creo que eso es bueno ¿No? Al fin y al cabo, tiene razón. Saca a la luz tus puntos fuertes, y que la gente los vea. Claro, para eso tú mismo has de ser consciente que los tienes. No peques de falsa modestia.

Como final a esta historia, decir que mi amigo ya encontró trabajo. Una empresa donde también le hicieron pruebas, entrevistas, etc… pero con un trato mucho mejor. “Al menos -me dice- a la gente aquí se la ve contenta. En la otra compañía andaban un poco como zombis, tristones y sin abrir la boca. Creo que ha sido una suerte que no me cogieran allá, porque en este sitio estaré mucho mejor.”

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La satisfacción del deber cumplido.

Como seres humanos, tenemos poder para cambiar e influir sobre muchas cosas. Pero vivimos en sociedad, y no siempre depende todo de nosotros. Por eso, muchas veces hemos de afrontar fracasos, decepciones, y objetivos que no se cumplen.

¿En qué manera nos puede afectar eso? Lograr metas es lo que ilusiona al ser humano. ¿Qué sería de nosotros sin ellas? Pero tampoco hay que obsesionarse. Porque a veces nos planteamos cosas que son imposibles, o que en ese momento no sabíamos cuál era el precio que teníamos que pagar.

Yo creo que la clave es hacerse uno mismo esta pregunta: “¿He hecho todo lo posible para lograr ese objetivo? ¿He agotado todas las opciones, he meditado, he pensado a fondo qué es lo que había que hacer?”. Porque, en ese caso, no hemos de avergonzarnos en absoluto. No se puede comparar el caso de una persona que no hace nada con el de otra que pone el corazón, y la cabeza, para lograrlo.

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Tal vez no haya logrado ese objetivo concreto, pero seguramente habrá cosechado logros diferentes a lo que esperaba. Y, en todo caso, el hecho de ponerse en marcha, de hacer el recorrido, de poner en juego todas nuestras energías, hace que nos sintamos vivos. Dicen algunos que, cuando uno se pone en marcha hacia la búsqueda de un logro, se disfruta más durante el viaje en sí que al llegar al objetivo.

Nadie nos podrá quitar la satisfacción del deber cumplido.

 

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No dejes que te juzguen

Es frecuente que, a lo largo de nuestra vida, nos encontremos con personas que intentan juzgarnos de acuerdo a sus criterios. Aunque no comprendan nuestros puntos de vista, o nuestras motivaciones, apenas tardarán un momento en “dictar sentencia”.

mazoJuzgar a los demás de antemano es un hecho muy normal. Lo hacemos de forma inconsciente, y no tiene por qué ser nada extraño ni negativo. El problema viene cuándo algunas de estas personas van más allá del hecho de formarse una opinión, y convierten sus juicios de valor en normas de conducta. Normas que, por desgracia, no sólo se imponen a ellos mismos, sino que también pretenden imponer a las personas que viven bajo su influencia. Cómo si los seres humanos no fuéramos personas libres e iguales que sólo están obligadas a cumplir el ordenamiento jurídico, y no la voluntad de otra persona.

Esto supone un problema cuándo hay personas que tienen la autoestima baja. Estar sometida a la presión de los juicios de valor de alguien despótico puede hacer que nuestra autoestima baje mucho. Por varias razones. Porque a esas personas débiles se les priva de su libertad de actuar, de elegir. Porque se les obliga a enfrentar una imagen de sí mismos que es falsa, y que muchas veces los deja por debajo de lo que realmente valen. Pero, sobre todo, porque nos niegan la posibilidad de desarrollar nuestro potencial. Es frecuente que esas personas despóticas no vean lo que hay por debajo de nuestra apariencia. Y siempre que puedan, nos desanimarán, nos dirán “tú para esto no vales”, “tu calla, que de esto no entiendes”. Etc.

Así que, en la medida de lo posible, no dejemos que nos juzguen. Y si no es posible librarse de esa nefasta influencia, no dejemos que los juicios que hagan sobre nosotros nos afecten. No dejan de ser opiniones, y lo que cuenta en realidad son los hechos. Olvidemos esos juicios de valor negativos y centrémonos en lo que importa: el recuerdo de nuestros logros del pasado, y el convencimiento que hemos de tener sobre el gran potencial que existe en cada uno de nosotros. Potencial que, digan lo que digan algunos, seremos lo bastante valientes para desarrollar y sacarlo adelante.

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Ladrones de sueños

Estoy seguro que alguna vez, en alguna ocasión, habrás oído la expresión “ladrones de sueños”. Es muy utilizada. Con ella nos referimos a aquellas personas que no nos dejan comenzar un proyecto nuevo. Bien porque tienen poder para impedírnoslo, o bien porque – y eso es aún peor- tienen poder para desanimarnos y quitárnoslo de la cabeza.

ladrones de sueños

En primer lugar, hay que decir que, para cumplir nuestros sueños, hemos de asumir un riesgo. En muchas ocasiones es así. Para cumplir nuestras ilusiones hemos de salir de eso que se llama “la zona de confort”; un espacio dentro del cuál no vamos a sufrir. Pero ¿qué hacer si queremos montar un negocio y eso supone pedir un préstamo? ¿O emigrar a otro país para buscarse la vida? ¿O cambiar de pareja?  Lo que sea. Es algo que cambia nuestros esquemas, algo que seguramente nos ilusiona pero que, al mismo tiempo, nos pone en la cuerda floja. Aún así, es necesario, porque todos los grandes logros siempre están detrás de un obstáculo que hemos de superar.

Y entonces es cuándo llegan nuestros “protectores”. Son personas de nuestro entorno, que tienen una gran influencia sobre nosotros. Ya sea porque tienen poder para impedirnos hacer lo que queramos (un padre, un marido dominante). O bien son personas que, tal vez, no nos lo puedan impedir físicamente. Pero la influencia de su opinión es tan grande sobre nosotros que no nos atrevemos a dar un paso sin contar con su aprobación.

Estas personas, entonces, te impedirán comenzar el camino que te lleve a realizar tu sueño. Muchas veces no es por mala intención, sino todo lo contrario. Te quieren proteger, no quieren que sufras. Pero no tienen ninguna Fe en tu capacidad para superar los obstáculos. Creen que te estrellarás, que no podrás vencerlos. Que no vales. Y por ese motivo te cortarán las alas. “Tú no vales para esto”, te dirán. “No te metas en camisa de once varas. No te pongas unos zapatos que te vendrán grandes”.

Lo que hay que entender, precisamente, es que las personas que logran las cosas realmente valiosas en la vida tropiezan muchas veces antes de alcanzarlas. El fracaso es la escuela del éxito. Pero, en realidad, el verdadero fracaso es no comenzar. ¿Cómo vamos a lograr nada si ni siquiera tomamos la salida? Así jamás ganaremos ninguna carrera.

Y, además, es muy nocivo dejar que otros, por mucho que nos quieran , tomen las decisiones por nosotros. Perdemos nuestro poder. Piensa que ese es el gran poder que tienen los seres humanos: el poder de elegir. Un poder tan grande, según Og Mandino, que ni siquiera lo tienen los ángeles; ellos sólo pueden hacer el bien, nosotros podemos elegir entre el bien y el mal. Tenemos incluso el poder de equivocarnos. Y, en todo caso, nadie nos conoce mejor que nosotros mismos; sólo sabemos qué decisiones, en lo más íntimo de nuestro ser, son las correctas. ¿Vamos a dar ese gran poder a alguien que no nos conoce, o que no nos valora? Y, además ¿qué haremos cuando esa persona ya no esté? Cuando muera, o nos abandone.

Si te roban tu poder de elección, te roban tus ilusiones. No le des esa oportunidad a los ladrones de sueños.

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Ladrones de tiempo… y de ilusiones

Una de las cosas más valiosas de las que disponemos es el tiempo. A veces, y según las circunstancias, el tiempo es más valioso que el dinero. Seguro que un millonario que estuviera en fase terminal estaría dispuesto a dar toda su fortuna por unos días más de vida.

ladrones de tiempoLas personas que tienen un alto concepto de autoestima son generosas, y están dispuestas a dar, si la causa es noble; pero también valoran mucho lo que tienen. Como el tiempo. Por tanto, hemos de ser nosotros los que decidamos que hacer con ese tiempo. Por supuesto, es bueno ser generoso, y dedicar horas y atención a las personas queridas. Pero hemos de estar en guardia contra esos personajes que, siempre que pueden, abusan de nuestra buena fe y nos roban nuestro tiempo.

Estas personas acostumbran a estar pidiendo “favores”, que luego en realidad no tienen importancia para ellos. Pero a ti ya te supone un compromiso, y una molestia. El tiempo de los demás es muy valioso, y no es justo que haya gente que concierte citas a las que no va, o te haga estar pendiente por nada. No hay nada que me desagrada más que una persona que cierra una cita “de seis a nueve”. Es una forma de despreciar el tiempo del otro. Las citas han de ser concretas en el tiempo, y dejando un margen por si a esa persona le ha pasado algo y se retrasa. Si le robas a alguien una tarde, le estás robando los proyectos e ilusiones que podía desarrollar en ese tiempo. Mi consejo es que no le robes el tiempo a nadie si no es para algo importante.

Claro que, muchas veces, los culpables de que nos roben el tiempo somos nosotros mismos. Porque no lo valoramos. No se trata sólo de agendarse lo que vamos a hacer a lo largo del día -incluso esas tareas que nos pueden parecer fútiles, como “pensar” o “reflexionar”… y no lo son en absoluto-. También hemos de ser conscientes del valor de nuestro tiempo. Y hemos de defenderlo. Hemos de saber usar la palabra “no”. Una persona que dice “no” no tiene porqué ser alguien antipático; es una persona que valora en mucho su tiempo, que tiene la autoestima alta y por eso le da valor a las horas de su vida. Y no tiene por qué desperdiciarlas.

Hay un dicho: “no dejes que tu lengua cargue tus espaldas”. De modo que si alguien te pide ir a una cita, y sabes que no podrás ir, no le digas que sí. Porque si luego no apareces quedarás mal. Es mucho mejor, y más elegante, decir algo como: “me encantaría ir, pero tengo un compromiso y no me es posible. Si ese compromiso se anula y descubro que tengo ese rato libre, te llamaré para decir que sí”.

Seamos generosos, pero no dejemos que nadie establezca nuestro tempo personal. No nos dejemos encadenar por compromisos que no queremos cumplir. Hay gente que abusa de los demás, y una de las primeras cosas que hace es abusar del tiempo de otros, gratuitamente y porque sí. Demos valor a nuestro tiempo y nos daremos valor a nosotros mismos.

Como este post se ha hecho un poco largo, no me queda tiempo para hablar de los ladrones de ilusiones. pero os prometo que en la siguiente entrada trataré este tema. Un saludo y hasta la próxima.

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Caracoles humanos

Hace mucho tiempo, al leer un libro, me tropecé con un párrafo que hablaba de los “caracoles humanos”. No recuerdo exactamente en qué sentido utilizaba esas palabras, pero creo recordar que se refería a esas personas rutinarias, sin ilusiones ni esperanzas, que pasan por la vida en vez de disfrutarla.

CARACOLESLa verdad es que es una expresión poética, evocadora, con mucha fuerza. La imagen de un caracol me recuerda a la de aquellas personas que llevan a cuesta la concha de sus sufrimientos, arrastrándola, en vez de deshacerse de ella. Por supuesto, eso les hace sufrir, ya que cargan con un peso enorme de amarguras y recuerdos.

El pasado es el que es, y no podemos cambiarlo. Pero eso no significa que tengamos que arrastrarlo con nosotros. Es cierto que no todos han tenido las mismas experiencias. Pero, como no podemos cambiar el pasado, no tiene sentido preocuparse por lo que no se puede cambiar. Es como si nos angustiáramos por no poder cambiar el color de la Luna. Lo mejor que podemos hacer con el pasado es sacar de él el máximo posible de enseñanzas, y una vez hecho esto, asimilarlo. Y, si es muy doloroso, olvidarlo.

Si no, acabaremos como esas personas “que viven ochenta años y sufren ochenta años”, tal como una vez oí decir. Lo más probable es que esa preocupación excesiva por el pasado sea porque no sepamos que hacer con el presente. Un proyecto, un objetivo, algo que nos ilusione nos puede mantener ocupados y distraer nuestra mente de los sufrimientos del ayer.

Y no olvides el famoso dicho: el pasado no existe, el futuro aún no ha llegado, el presente es un regalo. Por eso, cuando a alguien le hacemos un regalo, le decimos: “te hago un presente”.

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